Lo que usualmente llamamos la derecha, ese grupo de personas que defienden el capitalismo como forma de organización social, apasionadamente difunde y defiende la importancia de la tranquilidad social para el desarrollo del estado. Esa es la cara bonita del capitalismo, la tranquilidad social y el orden, que defienden a toda costa. Claro, es el ambiente adecuado para disfrutar sin sobresaltos de su riqueza y de sus lujos.
¿Cómo alcanzar y mantener esta necesaria Paz ciudadana, en medio de una sociedad mayoritariamente pobre, mayoritariamente sin posibilidad de salir de su situación de angustia económica, mayoritariamente sin acceso ni siquiera a cubrir sus necesidades básicas por más que se muestren en vitrinas, mayoritariamente sobreviviente en un sistema político económico que utiliza al pueblo sólo para beneficio del aumento de la riqueza para algunos pocos?
La clave está en que han ganado y mantienen en sus manos el control de los centros vitales del país, con lo que logran varios objetivos fundamentales para contener al pueblo:
Primero, mimetizándose entre grupos de distintas tendencias políticas neutralizan las instituciones del Estado, oponiéndose a los proyectos de gobierno que no los favorece, actúan en función de sus propios intereses y a espaldas del pueblo cuando cumplen cargos de dirección.
Segundo, utilizando su acceso ilimitado a los medios de comunicación, desmoralizan cualquier iniciativa popular propagando información sesgada, manipulada o falsa, crean confusión en las personas y al interior de las organizaciones que representan a los trabajadores.
Tercero, basados en leyes levantadas desde sus filas y en su poder empresarial, crean instituciones aparentemente representativas del pueblo pero que actúan en función de los intereses capitalistas, como sindicatos, gremios, fundaciones, cooperativas, organizaciones poblacionales, ongs, etc.
Cuarto, Usando sus posiciones y propiedades dentro del sistema educativo y con el apoyo incondicional de la estructura eclesiástica católica, ideologizan hacia la defensa del capitalismo como la mejor forma de organización social y la más justa manera de distribución de recursos, ingresos, cultura, etc., desvirtúan la historia, atomizan los importantes avances sociales del mundo, tergiversan el sentido y el alcance de los éxitos políticos y económicos que se dan en otros países y son adversos a sus intereses.
Quinto, en base a crear sus propias imágenes de éxito y de belleza, relegan culturalmente a los grupos más representativos del pueblo, la verdadera raza chilena, haciéndolos ver como grupos sociales de tercera categoría.
Aunque pueda verse a través del accionar aparentemente democrático de los capitalistas en favor de la "paz ciudadana" una tendencia a actuar dentro de la legalidad y siempre en defensa de dicha paz, cuidado, no es así. Cuando la paz y la democracia no sirven a sus intereses, buscan otras herramientas sin importar su contenido moral o su nivel de violencia. La creencia de que los defensores del capitalismo son respetuosos de los principios democráticos conduce a:
Primero, debilitar el trabajo de aquellos que desde dentro del gobierno ingenuamente creen estar logrando algo al concertar con la derecha estrategias de gobernabilidad.
Segundo, subestimar la necesidad de que aquellos que creen en un mejor tipo de sociedad, más justa y solidaria, deban organizarse y prepararse activamente a la defensa, difusión y desarrollo de sus ideales. Muchas personas no logran percibir la real dimensión del sistema contra el cual enfrentan sus ideales, creyendo ellas que a través del diálogo y concertando posturas lograrán cambiar la situación social.
Tercero, fraccionar los movimientos populares al generar dentro de ellos objetivos espurios, aparentemente en concordancia con los ideales del pueblo pero contaminados de los valores egoístas e individualistas del capitalismo.
Cuarto, sustituir la firmeza política por una actitud reconciliadora que la derecha usará para destruir cualquier posibilidad de cambio.
Hay que mantener claridad sobre el verdadero carácter del capitalismo representado en la derecha política. Su triunfo en Chile, como en cualquier otra parte del mundo donde mantienen su hegemonía, a sumergido a nuestro país en la pérdida de su independencia y en el dominio de la explotación capitalista, en beneficio de aumentar la ganancia de unos pocos. Para ello han utilizado lo que han creído necesario, desde la dictadura más cruel, pasando por gobiernos seudo democráticos y terminando con gobiernos autodenominados socialistas. Han utilizado la democracia cuando las mayorías los han favorecido y la violencia cuando el pueblo se ha levantado por sus derechos.
Hay que mantener claridad en que la derecha política es profundamente antinacional, son personas que sólo creen en la democracia cuando se ven favorecidos por ella, están dispuestos a la violencia para lograr sus fines, desprecian al pueblo como seres inferiores y lo valoran sólo como recurso generador de riqueza, ven al estado como un escenario para hacer negocios, menospreciando su condición de sociedad constituida por personas con derechos y necesidades comunes. Son sanguinarios y crueles, consecuentemente con sus principios que se fundamentan en el hecho de que el capital es el ordenador de la sociedad, por lo tanto nada ni nadie puede afectar el derecho de algunos de acumular ganancia sobre ganancia en un juego muchas veces especulativo que no tiene fin. Desde este punto de vista, la democracia, el pueblo, los recursos naturales, la guerra, la violencia, la manipulación, la medicina, las armas, el sexo, las religiones, todo es parte de los insumos que conforman una estrategia para su único fin: el crecimiento económico en manos de unos pocos.
La ingenuidad en la relación con la derecha política es un error que afecta desde la persona común, a la cual logran disociar haciendo creer que viven en el mejor sistema del mundo a pesar de su precaria situación económica, cultural y médica; pasando por aquellos que con algún sentido social trabajan en organizaciones tratando de mejorar las condiciones humanas, quienes transan con los derechistas aspectos fundamentales llegando así a acuerdos que finalmente nada cambian o simplemente a callejones cerrados donde sus iniciativas quedan truncadas; hasta los revolucionarios, quienes al no ver la verdadera dimensión de la fuerza reaccionaria que tienen al frente, no se esfuerzan en crear alternativas de organización y lucha con capacidad real de enfrentárseles.