jueves, 17 de septiembre de 2009

Es urgente iniciar el reaprendizaje revolucionario de la historia

El aprendizaje de nuestra historia y la conciencia plena de cómo se han desarrollado las sociedades a nuestro alrededor, son herramientas indispensables para dar solidez ideológica a la conquista del futuro. Porque conociendo el origen concreto de los mecanismos sociales que hoy en día nos rigen, puede el pueblo ser capaz de analizar con pensamiento crítico los paradigmas aceptados, esos que el poder establecido no está dispuesto a discutir, para transformarlos en no más que postulados ante los cuales la persona se pueda presentar como creadora y reconstructora, sin tapujos, ni ambigüedades, ni miedos, ni prejuicios, en función de mejorar su realidad; es decir mejorar su vida, su sociedad, su entorno y su futuro.

Esa es la teoría, pero no es tarea fácil. Veamos.

La interpretación y divulgación de los hechos históricos han estado siempre en las manos de vencedores. Los derrotados muy pocas veces tienen la oportunidad de expresarse. Esta es una característica histórica a la que nuestra América no escapa, es una característica institucionalizada que facilita la existencia de una historia oficial única consolidada por el poder político que, al nunca estar en manos del pueblo, difícilmente incluya la visión popular en la divulgación de los hechos.

Es así como las diferentes visiones de clase de la independencia americana, la visión vasalla de la época colonial, la visión esclava de la sociedad, la visión de los pobres de la sobrevivencia cotidiana, la visión popular de las invasiones norteamericanas, la visión indígena del irrespeto de la iglesia católica a las culturas endógenas, tienen una única interpretación oficial y una única línea en la enseñanza escolar. Lo poco rescatable que no está en la línea oficial se puede encontrar en canciones, en leyendas, en cuentos populares, en narraciones orales, gracias a la juventud de nuestras repúblicas.

Por otra parte, habiéndose transformado los medios de comunicación masiva en una poderosa herramienta de influencia en la psiquis humana, cada vez más la información referida a hechos actuales, recientes, se tergiversa en su origen y se replica dando gigantescos saltos geográficos, posteriormente se concatena y regresa a través de citas y documentos cruzados que van transformando las mentiras en verdades y con ello la información se transforma en desinformación a través de la confusión, de la omisión y del establecimiento de verdades construidas a la medida.

Con todo ello, la gente se siente sobrepasada y se esconde tras la ignorancia, prefiere la tranquilidad de no mirar, de simplemente aceptar que la situación en que se encuentra la vida es la única posible, es la que siempre ha existido, aunque conserve la claridad de que es una situación en la que algunos se enriquecen robando a las mayorías y las mayorías se envilecen viendo cómo son robadas, usurpadas y despreciadas.

Lo anterior es la razón principal de que el mismo pueblo usurpado y robado defienda el concepto de “tranquilidad ciudadana”, fenómeno sociológico difícil de entender.

Esta incapacidad por reaccionar y de interesarse por conocer la verdad, la verdadera historia, esa historia de pueblos luchando por su libertad y de poderosos gozando de los privilegios usurpados, responde a la sensación de vértigo que produce el verse enfrentado a la fragilidad de las verdades establecidas ante el análisis de sus fundamentos. Es como descubrir repentinamente que lo que se tenía por realidad no es más que virtualidad disfrazada. El instinto de sobrevivencia lleva a preferir aceptar una realidad injusta y cruel, ante la alternativa de que no exista realidad.

He aquí mismo un ejemplo esclarecedor de lo que digo: existe la tácita aceptación de que los privilegios se heredan, mientras que los derechos deben ser conquistados. Es a todas luces una falacia hecha paradigma, obviamente una torcedura extrema de la verdad que ayuda a inducir en los reflejos automáticos de las personas que los privilegios vienen desde la cuna, están determinados por si mismos y para los privilegiados de siempre, mientras que los derechos son conquistas propias del pueblo tras dolorosas luchas. El paradigma nos dice que detrás de cada privilegio hay una línea de sucesiones, una casta, una relación hereditaria definida como clase social, mientras que detrás de cada derecho hay sufrimiento y sacrificios populares. Yendo al origen de los términos podemos romper el paradigma y decir que la verdad es que los derechos son inmanentes a la vida y los privilegios fueron conquistas adquiridas en algún momento, de buena o mala manera, justa o injustamente, las cuales a través del abuso de poder fueron perpetuadas por los privilegiados como bienes heredables.
Es hora de romper las cadenas que imponen los paradigmas sociales. Y la única manera es siendo críticos ante nuestra historia y siendo concientes de cómo se han desarrollado las sociedades a nuestro alrededor, cuál es el origen de las verdades de hoy. Esta es la única manera de alcanzar solidez ideológica para la conquista de nosotros mismos, la que nos permitirá virar el rumbo de nuestro pensamiento, única manera de poder construir un futuro diferente, más solidario y más justo. Debemos reconocer en esta tarea la necesidad del estudio colectivo, informado y crítico. Pero también debemos reconocer la necesidad de la práctica personal y colectiva, revolucionaria, en la depuración del pensamiento.